El dilema del prisionero por Daniel Pastor Vega

El Dilema del Prisionero

Cuando ya está más que claro que en nuestro entorno competitivo la diferenciación de una compañía viene determinada por la calidad de su capital humano, fomentar la cooperación entre los empleados de nuestra empresa no sólo es deseable; es una necesidad vital. El dilema del prisionero que  desarrolló el profesor Tucker  (maestro de Nash, Premio Nobel de economía, cuya vida fue llevada al cine en ‘Una mente maravillosa’) es un fascinante ejemplo de cómo comportamientos egoístas pueden conducir a actitudes de colaboración.

Dos sospechosos son detenidos cerca del lugar de un crimen y la policía comienza a interrogarlos por separado. Cada uno de ellos puede elegir entre confesar acusando a su compañero o no hacerlo. Existen, por tanto, cuatro posibilidades:

  1. Que ninguno defraude.dilema-del-prisionero
  2. Que lo hagan los dos.
  3. Que lo haga el primero.
  4. Que lo haga el segundo.

Si ninguno de ellos confiesa, ambos pasarán un año en prisión. Si ambos confiesan y se acusan mutuamente, los dos irán a prisión tres años cada uno. Pero si sólo uno confiesa y acusa a su compañero, al implicado le caerán seis años y el acusador saldrá libre. Dado que el objetivo de cada uno es lograr el máximo beneficio personal (aparentemente), lo racional es defraudar. Pero si los dos se comportan racionalmente ambos recibirán un castigo tres veces superior al que obtendrían si no lo hicieran.

El dilema del prisionero se usa como ejemplo del conflicto entre los intereses individuales y los colectivos, y también para justificar los beneficios de la colaboración. En mi actividad profesional asisto diariamente a actitudes poco colaboradoras, la mayoría de veces con objeto de proteger el propio puesto. Sin embargo, existe el riesgo de que a la larga nadie conserve su puesto, al fracasar los proyectos. No obstante, en las grandes organizaciones la influencia del propio comportamiento sobre el éxito total puede ser baja. Si nadie coopera ¿por qué cooperar? Esta estrategia explica la suciedad de muchos sitios públicos... Y si todos cooperan ¿por qué cooperar? Esta es la estrategia de muchos gorrones. Cuando se aplica el dilema del prisionero de forma repetida a un colectivo, las estrategias se hacen más complejas. El individuo aprende que, a la larga, una estrategia individual tiene menos beneficios que una de colaboración. El dilema del prisionero  es paradójico, pero nuestra naturaleza egoísta es la que, mediante el aprendizaje, nos lleva a la estrategia de colaboración. La pregunta del millón de euros es: ¿cuáles son las condiciones que debemos generar en nuestra empresa para no caer en el dilema del prisionero?

Daniel Pastor Vega.
Presidente de la Cátedra Viabilidad Empresarial.

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